Pura Emoción, pura Vida

Escrito por Eugenia Carrasco García | Emociones | 4 Comentarios

La Vida, la miremos por donde la miremos​, está cargada de vaivenes. De alegrías y tristezas. De sorpresas. Algunas agridulces, otras deseadas…

A veces queremos que la vida sea «lineal», sin sobresaltos… ¿realmente eso es Vida?

Intentamos huir del dolor, evitar lo que nos han dicho que es negativo, escapar de nosotros mismos y de nuestras emociones.

No nos damos cuenta que, la Vida con mayúsculas es cambio. Altibajos, una sucesión de acontecimientos y emociones.

Tras esta semana de ausencia donde he podido experimentar todo ésto, os cuento:

Sábado 27/Mayo: celebramos sendos cumpleaños (en Málaga), mi hermana (procedente de Almería), unos amigos y yo; junto a mi madre. Ella, con diagnóstico de ELA desde hace tres años y con una evolución galopante.

Lunes 29/Mayo: la emoción-felicidad me embriaga. Recibo multitud de muestras de cariño y felicitaciones de todos/as vosotros/as. Mientras me disponía a celebrarlo con unos familiares recién llegados, almorzando, recibo una llamada del centro donde residía mi madre.

Nada me hacía esperar lo peor. Pero así fue. Mi madre acababa de fallecer. Sabíamos que antes o después iba a ser porque su deterioro era muy pronunciado y cada día era un sufrimiento para ella y para nosotros verla de esta manera. Pero nunca te lo esperas. 

Tras el dolor, llegó la sensación de liberación y aceptación de un proceso que debía acabar. Sensaciones de paz, liberación y calma. Cierta emoción de alegría por no haberse prolongado un sufrimiento innecesario, sin atisbo de esperanza. Alegría de haber conseguido el descanso…

Seguidamente a la ACEPTACIÓN llegaron: el caos, incomprensión, incertidumbre, mal presagio, incredulidad, aturdimiento. Recibo una llamada del hospital de otra comunidad preguntándome si era familiar de…¿mi madre? No. Familiar de mi tío, hermano pequeño de mi madre…

Sin que nadie pudiera explicarme nada por teléfono no podía hacer nada más que esperar una llamada de teléfono cuando supieran algo. Y es cuando leo: «tito Paco ha fallecido de un infarto»…

«Esto no puede ser verdad». «Increíble, no es posible, si acabo de hablar con él hace unas horas y estaba sereno. Había encajado bien la noticia de mi madre»…

No me quedaba más que confirmar lo ya enunciado, de viva voz está vez, por familiares presentes.

Dos pérdidas importantes en un día de celebración y jolgorio. Lo demás, os lo podéis imaginar.

¿Que cómo me siento ahora?

Feliz porque mi madre pudo descansar. Lo necesitaba.

Apenada por la ausencia de mi tío porque «no parecía que tuviera que tocarle a él ahora». 

Reforzada en mi creencia de que la muerte forma parte de la Vida desde que nacemos. Estamos expuestos. Es algo natural y necesario aunque «incomprensible», a veces.

¿Cuál está siendo la enseñanza?

Que somos «finitos», materialmente hablando.

Que permanecemos infinitos mientras nuestro recuerdo​ y el de nuestros seres queridos se mantenga vivo en nuestros pensamientos.

Que de nada sirve resistirse, negar, evitar y lamentarse o autocompadecerse. Únicamente para ofuscarse y estancarse.

Entender que hay una parte en la que sí podemos influir tomando decisiones y otra mayor y desconocida en la que se escapa de nuestro control y únicamente somos partícipes o meros observadores...

La Aceptación es la clave. Fluir con la Vida. Agradecer cada día. Amar, disfrutar y celebrar nuestra existencia.

Sentir, reír, llorar, aprender de cada momento.

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