El mayor acto de amor propio que puedes regalarte es…

creer en ti cuando nadie más lo haga.

Muchas veces queremos un cambio en nuestra vida. Hacer algo nuevo: un hobby, un proyecto, emprender un negocio, un viaje…

Si lo que queremos hacer se sale mucho de la norma, de lo que la gente que nos rodea hace, nos encontraremos con la falta de apoyo y oiremos cosas como:

«Eso es muy difícil, estás loco/a, no va a funcionar, qué de pajaritos tienes en la cabeza, cómo vas a hacerlo, la cosa está muy mala, no es momento para hacerlo, eso tiene mucho riesgo, es imposible, no va a funcionar, eso lo consiguen unos pocos…»

Y es que partimos de la mentalidad del «no puedo, no puedes».

Ponemos el parche antes de que salga el grano, en lugar de preguntarnos qué quiero conseguir y cómo puedo hacerlo.

Si partes del «no puedo», evidentemente no podrás.

Es lo que se conoce en psicología como la profecía autocumplida. Y se produce tanto por aquello que tú creas (o no creas) que puedes hacer, como por las expectativas que tengan los demás sobre ti.

Estas expectativas y creencias tanto propias como ajenas (de tu entorno social) nos condicionan.

La mayoría de veces decidimos no hacer aquello que realmente queremos, lo que nos motiva y tiene un significado en nuestra vida, por esa creencia y ese miedo al «no puedo, no voy a poder, no lo voy a conseguir».

Por estas creencias limitantes y por el miedo al qué dirán los demás.

Nos resignamos a seguir como siempre, haciendo lo de siempre, siendo la persona de siempre para evitar salirnos de lo normal, de las expectativas de los demás.

Nos limitamos a seguir el camino hecho, aunque éste suponga nuestra insatisfacción, nuestro malestar y poco menos que nuestra condena en vida.

Seguimos la inercia de lo que se supone que es lo correcto, sin atrevernos a hacer e intentar otra cosa distinta.

Nos dejamos atrapar por el miedo, lo conocido, las dudas y la desconfianza de poder cambia nuestro presente.

Te cuento que en mi vida me he visto también en esta misma situación.

Antes siempre actuaba según lo que los demás esperaban de mí. Complaciendo y poniendo en primer lugar a todo el mundo menos a mí misma.

Carecía de autoestima y confianza en mí misma.

Cuando dejé mi trabajo convencional después de 3 años fue romper con ese patrón bajo el que actuaba.

Tomar la decisión no fue fácil pero llegó un momento en el que sentía que lo que estaba haciendo se había separado totalmente de mis valores. Se había convertido en algo desagradable. Lo vivía como un peso en vez de una ilusión.

¿Qué hice? Con dudas, miedos, incertidumbre y sentimientos de culpa decidí tomar una excedencia y volcarme en desarrollar mi propósito.

A pesar de todo esto que sentía, había algo en mi interior más fuerte que me decía que tenía que hacerlo.

¿Qué fue lo que más me ayudó a dar el paso? Además del apoyo de una buena amiga, me sirvió el hacerme las siguientes preguntas:

¿Es esto lo que realmente quiero en mi vida?

¿Qué es lo que quiero hacer? ¿Cómo puedo hacerlo?

¿Qué pasaría si mañana me dijeran que me quedan 3 meses de vida? ¿De qué no quiero lamentarme por no haberlo hecho antes?

Reflexionar y responder sobre estas preguntas fue una de las cosas que me impulsaron a tomar la decisión que tomé.

Eso y el tener claro que no quería arrepentirme en un futuro de no haber intentado hacer lo que deseaba.

Además, tomé más conciencia sobre el hecho de que hoy estamos aquí pero mañana no sabemos si seguiremos respirando, viviendo.

Varias personas de mi entorno perdieron familiares muy cercanos y sus historias me impactaron.

Especialmente la de la mamá de mi compañera que nos contaba que siempre posponía todo lo que quería hacer: viajar, aprender algo nuevo, etc., para cuando se jubilara. Llegó ese día, empezó a sentirse mal y le diagnosticaron un cáncer terminal que se la llevó en tres meses.

Así que, por eso te digo que todo lo que no hagamos en esta vida, aquí y ahora, mañana quizás sea demasiado tarde. Y puede que te lamentes de ello.

Muchas veces, para hacer lo que quieres tendrás que ser y hacer como la rana sorda de la fábula: no escuchar a los demás si no es para motivarte, impulsarte y recibir su apoyo (ver la fábula).

Por eso te digo, que lo mejor que puedes hacer por y para ti mismo/a es tener fe y confianza en ti y en lo que deseas hacer, aunque ello suponga nadar a contracorriente.

Aunque suponga quedarte en soledad, que te miren raro, te juzguen, no confíen en ti y duden de que puedas conseguirlo.

Créeme, seguir tu propio camino aunque difícil, es mucho más gratificante. Con ilusión, confianza y esfuerzo, todo es posible.

Para mí, la autoestima y la autoconfianza son los mayores triunfos que he conseguido.

Me siento muy feliz con la decisión que tomé hace 4 años, que me sacó de donde ya no pertenecía y me regaló nuevas experiencias y un gran crecimiento personal (ir al post «más sensible, más fuerte»).

Por eso te animo a que si te encuentras en la misma situación, atrapado/a en un trabajo, una situación o con una persona que ya no te aportan; pongas en una balanza todos los pros, contras, opciones y especialmente, lo que sientes y quieres.

Te armes de valor y decidas aquello que más sientas que quieres hacer y que nace de tu interior más profundo.

Eso que sabes que si no lo haces ahora, te arrepentirás más tarde de no haberlo al menos, intentado.

Por aquí te dejo una frase muy inspiradora que a mí me sirve como faro, de motivación cuando lo necesito:

«Todo parece imposible hasta que se consigue» (Nelson Mandela).

El mayor acto de amor propio que puedes regalarte es creer en ti cuando nadie más lo haga

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